
(imagen: iglesia de las monjas dominicas de Segovia)
Las monjas dominicas con su vida de oración, de silencio y de entrega generosa, dan testimonio de que Dios existe, que Dios vive, que vale la pena seguirlo, que Dios plenifica y hace felices a los seres humanos. Escogen con plena libertad una forma de vida en la que se dedican al seguimiento exclusivo de Jesucristo y a la llegada de su reino.
Desde una vida “escondida en Dios” anuncian quien es el que llena por entero el corazón humano y lo rebosa.
Una monja dominica es una mujer que ama a Dios y le habla a Dios de la humanidad, alguien que eleva el clamor de tantos millones de personas hasta el trono de la gracia.
El Papa en un mensaje a las monjas contemplativas les dice:
“Una multitud de personas llama a vuestro corazón, y se une espiritualmente a vosotras en los cantos y en las plegarias, que ya no serán solo vuestros sino de toda la humanidad .Es el clamor de tantos hermanos y hermanas sumergidos en el sufrimiento, en la pobreza y en la marginación…”
“…con vuestra oración, penitencia y vida escondida, podéis hacer brotar del Corazón Divino el amor que nos une como hermanos, sosiega las pasiones y crea la comunión de los espíritus, produciendo frutos de solidaridad y de caridad evangélica…vuestras oraciones tienen una fuerza propiciatoria y reparadora capaz de atraer las bendiciones de Dios sobre esta humanidad sufriente”…(Mensaje del Papa Juan Pablo II a las religiosas de clausura de América Latina)