Posteado por: Una monja | Diciembre 1, 2007

Para la vida de monja contemplativa

Se requieren aptitudes humanas:

salud física, madurez psicológica proporcionada a la edad, recto juicio, carácter abierto e idoneidad para la vida comunitaria

Y religiosas: buscar de verdad a Dios.

Una vocación monástica

Santo Domingo es un ser de anhelo . Fundó la Orden para la gloria de Dios y la salvación del mundo.

Una gran pasión le mueve :

Que todos los hombres entren en la amistad de Dios. ¿”Dios mío que va a ser de los pecadores ?” grita Santo Domingo en su oración en plena noche. Entonces es cuando aprende de las mismas entrañas de Dios el amor incansable qué Cristo siente por los pecadores.

Aquella llama que arde en él, le empuja a tomar iniciativas audaces. Nació así el centro de predicación de Santa María de Prulla, que iba a convertirse en la cuna de la Orden de Predicadores.

Convencido de la necesidad y del poder de la oración, confió a las monjas el objetivo de evangelizar desde sus monasterios. Que sus muros griten el Evangelio, que sean un reclamo vivo de Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado .

Una vida sencilla que transmite la fe

Comunicando la vida de Dios a un mundo sediento de Verdad. Desde una vida de amor, de profunda fe y expectante espera, alimentadas por la “dulzura de la Palabra de Dios” esta vida consagrada existe “para que no falte en este mundo un rayo de la divina belleza que ilumine el camino de la existencia humana”.

 

Un aliento para el camino 

Son palabras del Apóstol Pablo:

“…Que Jesucristo nuestro Señor y Dios nuestro Padre- que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza- os consuele internamente y os dé fuerza para toda clase de palabras y de obras buenas. Por lo demás, hermanos, rezad por nosotros, para que la palabra de Dios siga el avance glorioso que comenzó entre vosotros….” 2Ts 2, 15


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