- La misericordia de Dios y la vuestra.
Y se abre la puerta a la hermana que se incorpora a la vida religiosa dominicana.
Nacimos como Orden mendicante en el s. XIII, en el s. XXI seguimos pidiendo la misericordia de Dios y la de los demás. En realidad en esto se resume todo: experimentar en la propia vida la misericordia de Dios. Ésta es la buena obra que Dios empieza y termina. Los gestos de nuestra relación serán la señal. El corazón abandona su dureza y va volviéndose de carne; no juzgar, amar. Ser canales de misericordia los unos para con los otros.
“Todos cabían en la inmensa caridad de su corazón” decían de Sto.Domingo los que le trataron. La misericordia es gratuita…