Posteado por: Una monja | noviembre 3, 2007

Breve historia de las monjas dominicas de Segovia

Segovia tiene huella dominicana. Extramuros se conserva la Cueva de Santo Domingo, entrañable lugar, evocador de su presencia orante y penitente. En la Navidad de 1218, Domingo en su viaje de Italia a España, instituye en esta capital el primer convento dominicano de frailes en España. Sencillo en los comienzos, llegaría a ser de primer orden, con el nombre de Santa Cruz. ( aquí se podría hacer un subapartado o un enlace a la página sobre la Cueva)

El historiador Juan de Vera, en sus Estudios segovianos, relata:“cuando Sto. Domingo ascendiera a la Segovia de aquel tiempo desde su covacha del Eresma es posible que más de una vez pasara rozando con sus hábitos las piedras de una ciclópea construcción realizada en los primeros tiempos de nuestra ciudad debida a Hércules, y que andando los siglos fuera convento de sus hijas predicadoras.”

El documento más antiguo que acredita la fundación de las monjas en la ciudad es un privilegio hecho por Alfonso XI, rey de Castilla y León.

Se sitúa la primera casa junto a la ermita de Santa Susana. Corría el año 1350.

Juana de Luna, viuda de Luis Mejía con tres de sus hijas, Dña. María, Dña. Mayor de Guzmán y Dña. Catalina profesan en el convento y le enriquecieron con su hacienda y mucho más con su virtud y gobierno. Siendo Dña. Mayor priora compra la casa y fortaleza de Hércules a Juan Arias de la Hoz. A esta compra se añadirán unas casa señoriales entre las iglesias parroquiales de la Santísima Trinidad y San Quilez. Fray Alonso de Loaysa, prior provincial de religiosos y religiosas de la Orden de predicadores en los señoríos y reinos de Castilla aprueba la solicitud de traslado de aquel lugar solitario y húmedo a éste en el casco de la población.

Se trasladan al nuevo lugar, que hoy perdura, el 13 de Junio de 1513.

El edificio es una antigua casa fortaleza, ejemplar típico de la arquitectura civil del s.XII. La torre de Hércules, que le da nombre, construida hacia el s.XI, conserva en los frisos pinturas murales realizadas por los árabes de la aljama segoviana que lo convierten en el más acabado ejemplar románico-mudéjar.

El solar de una comunidad religiosa es el lugar donde Dios escucha y la criatura ora, habla y canta. Desde este lugar la comunidad de hermanas quiere comunicar a nuestros contemporáneos aliento, fuerza y espíritu, en la certeza de la Buena Nueva.

Las puertas están abiertas de modo especial para ofrecer espacios de reflexión y plegaria. (foto de la iglesia)

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