Posteado por: Una monja | octubre 29, 2009

La oración

Cuando decimos: “busco a Dios…” , es un anhelo que nosotros no hemos producido sino que Dios ha puesto en el corazón humano. No tendríamos interioridad sin Alguien que nos dirigiera la llamada. Dios está en la esencia de mi ser esperando a que yo lo descubra. No hay nada tan grande ni que nos identifique tanto, que nos vuelva tan “nosotros mismos” como el encuentro, la relación profunda con Dios. Lo que yo soy, el ser, está dentro: “No salgas de ti, vuelve sobre ti mismo- dice S. Agustín- porque en el interior del hombre habita la verdad”. La primera revelación que hace la Biblia sobre el hombre y la mujer es haber sido creados a imagen y semejanza de Dios . Es como decir: no eres de tus sueños, no eres de ti, ni de nadie, sino enteramente de Dios. Lo que ocurre es que somos inconscientes de este tesoro. Orar, en cambio, es tomar conciencia, es darse cuenta, es volverse lo que uno es: ¡hijo!, y no desconectarse de este núcleo . Demasiadas cosas nos hacen olvidarlo. En un mundo como el nuestro de tanto trasiego falta, por hacer, la peregrinación al interior de uno mismo. ¿No sabéis que sois templo de Dios? dice San Pablo a griegos, a gente que buscaba a la divinidad fuera. “Queréis sentir a Dios? -dice en una de sus cartas Enrique Seuze-, ejercitaos en la intimidad y recogimiento dentro de vosotros”. La oración fundamentalmente es relación con el que nos habita. ¡Dios está dentro de tí!, ¡Dios nos habita!. Cuando una persona ora es que quiere empezar a vivir desde dentro. “Donde está tu tesoro -dice Jesús- está tu corazón.” El que nos habita es un Dios que es vida y fecundidad. La oración es también como una madre, con ella el mundo interior comienza a irradiarse. Poco a poco de ella podemos esperar un nuevo modo de ser y de vivir. ¿“Dónde te despojarás de tu amor propio?, ¿dónde te dispondrás a dar la vida por el honor de Dios y la salvación de las almas? En esta dulce madre, la oración. (carta de Sta. Catalina de Siena a su sobrina Eugenia). En la oración el protagonismo es de Dios, nosotros acallamos para que Dios haga lo demás. El silencio, la oración es para disponerse a vivir de otra manera. Huimos de la oración porque creemos que no sirve, que “no pasa” nada o, al contrario, porque intuimos que la oración es una revolución ¡Es terrible caer en las manos del Dios vivo! La oración se convierte siempre en exigencia de actuación; no sólo reclama un comportamiento ético justo sino el “negarse a sí mismo” evangélico; es entrar en un camino de transformación, de maduración en el cual el fruto es la persona capaz de dar testimonio de lo divino en su vida cotidiana. Lo importante no es hacer sino ser y dar vida a los demás siendo. La oración es siempre, en este sentido, comunitaria, una comunión con los demás… Si la oración es unión con Dios, Dios no es otro que “el Padre de Nuestro Señor Jesucristo”, el que se entregó en favor de todos. La oración como Jesús es en favor de todos. En realidad uno no ora para ser el mejor sino para que Dios se manifieste mejor.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: